Una investigación de Deusto revela que el cerebro del recién nacido se activa más con el llanto de otros neonatos que con el habla humana

Publicada en la revista Developmental Cognitive Neuroscience

Una mujer a la que solo se le ve la cara parcialmente sujeta en brazos a un bebé que llora.

07 September 2026

Un equipo internacional de investigación en neurociencia cognitiva del desarrollo, del que forma parte la investigadora de la Universidad de Deusto, Irene de la Cruz Pavía, ha descubierto que el cerebro de los recién nacidos reacciona con mayor intensidad al escuchar los llantos de otros bebés que al oír frases habladas por adultos. Dada la relevancia del hallazgo, la revista Developmental Cognitive Neuroscience ha publicado un artículo científico sobre esta investigación, titulado ‘Do babies perceive cries as speech?

Tradicionalmente se pensaba que el habla humana ocupaba un lugar privilegiado para el ser humano desde el inicio de la vida. Diversos estudios previos habían demostrado que los bebés nacían con una predisposición especial hacia la voz humana, en parte debido a la experiencia auditiva acumulada en el vientre materno durante el último trimestre de gestación. Esta investigación desmonta la idea de que el habla es lo único o lo más importante a nivel cerebral en el nacimiento y sitúa al llanto como un primer nivel de comunicación humana sobre el que más tarde se construirá el lenguaje

Adultos y bebés ante el habla
Para llegar a estas conclusiones, en la investigación se diseñó un experimento comparativo entre recién nacidos y adultos.

En el estudio participaron 25 bebés de entre uno y cuatro días de vida, nacidos en el Hospital Necker-Enfants Malades de París, que habían estado expuestos al idioma francés durante su etapa prenatal. Como grupo de control, se evaluó también a 27 adultos de habla italiana en la Universidad de Padua que no tenían conocimiento alguno de francés. De este modo, los adultos escuchaban las frases en francés únicamente a nivel de sonido (acústico y fonológico), sin comprender el significado de las palabras, en igualdad de condiciones de procesamiento con los bebés.

Mediante una técnica de neuroimagen no invasiva denominada Espectroscopía de Infrarrojo Cercano funcional (fNIRS), que mide la actividad cerebral a través de la circulación de la sangre mediante luces infrarrojas en la superficie de la cabeza, el equipo investigador registró la respuesta del cerebro ante bloques de frases habladas en francés y bloques de llantos grabados a otros recién nacidos.

Los resultados mostraron patrones opuestos entre ambos grupos. En los adultos, la activación cerebral fue significativamente mayor al escuchar las frases habladas que al oír los llantos. Sin embargo, en el cerebro de los recién nacidos ocurrió lo contrario: la respuesta neuronal ante el llanto de otros bebés fue significativamente más fuerte que ante el habla.

Vínculo entre lo que se oye y lo que se produce
El descubrimiento es llamativo porque, desde el punto de vista acústico, el habla es más familiar para el recién nacido que el llanto, ya que lleva meses escuchándola dentro del útero. Si la familiaridad o la complejidad auditiva fueran los factores determinantes, el cerebro del recién nacido habría mostrado una mayor preferencia por el habla, al igual que sucede en los adultos.

La explicación de que no fuera así, reside en la propia capacidad de producción vocal. Tanto los bebés como los adultos del estudio reaccionaron y se activaron más con aquello que ambos sabían hacer o producir. Es decir, los bebés se activaron más con el llanto y los adultos ante el habla, aunque no entendieran el idioma. 

Dado que el llanto es el único sonido comunicativo que el recién nacido puede emitir, la investigación concluye que la experiencia de producir una vocalización modula de forma directa cómo el cerebro percibe los sonidos del entorno desde el primer día. Mientras que en los adultos predomina el habla porque es su medio de comunicación habitual, en los recién nacidos el llanto actúa como un puente biológico temprano que conecta la percepción auditiva con la acción motora, sentando las bases para el posterior desarrollo del lenguaje.

Fotografía de Sarah  Chai en Pexels.