29 May 2026
Bilbao
El proyecto de investigación Cyber-Resistance, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y liderado por el equipo Deusto Valores Sociales de la Universidad de Deusto, en colaboración con la consultora canaria Opciónate - Mejora Tu Vida, ha analizado la tercera brecha digital de género y las ciberviolencias machistas en la infancia, entre los 5 y los 13 años en nueve centros educativos de Euskadi y cuatro de Gran Canaria.
El estudio, realizado entre 2023 y 2026 en centros públicos, privados y concertados, constata que el mundo digital replica las desigualdades presentes en el mundo físico y detecta brechas de género en la socialización digital, como la exclusión de las niñas en los videojuegos o la carga en solitario que asumen las madres en la educación digital. Cyber-Resistance aporta además herramientas y materiales pedagógicos para empoderar a familias y profesorado.
Niños: videojuegos de fuerza y poder. Niñas: tutoriales de belleza
El estudio, que cuenta con la profesora de la Universidad de Deusto, Estíbaliz Linares, como investigadora principal, constata que la socialización digital comienza prácticamente desde el nacimiento. Lo que el equipo investigador llama la ‘cuna digital’ evoluciona rápidamente: a los 5 o 6 años, los menores interactúan con tablets y videojuegos. A los 6 o 7 años, ya manejan los teléfonos de sus madres y padres o llevan relojes inteligentes, ‘smartwatches’. El gran salto cualitativo ocurre entre los 8 y 9 años, edad a la que se generaliza la posesión de un teléfono móvil propio y la apertura de cuentas en redes sociales como TikTok.
Además, se ha visto que los niños monopolizan los videojuegos de combate, competitivos y deportivos, vinculando su identidad digital a la fuerza, el poder y la violencia. Por el contrario, las niñas se concentran en redes de edición de imagen y vídeo, donde consumen tutoriales de belleza, estética y bailes. La investigación advierte de que esto promueve una marcada hipersexualización y las empuja a encajar en cánones estéticos muy normativos y restrictivos.
Exclusión digital y violencia simbólica
El entorno virtual conlleva riesgos específicos según el género. La investigación detectó un fenómeno preocupante: las niñas sufren exclusión explícita en las comunidades de videojuegos online. Para evitar ser insultadas, menospreciadas o expulsadas de las partidas por sus compañeros varones, muchas de ellas se ven obligadas a camuflar su identidad, utilizando avatares masculinos o nombres neutros.
Además, el estudio señala que tanto los niños como las niñas se topan de manera fortuita con contenidos pornográficos o violentos de alta intensidad a edades muy tempranas, en muchas ocasiones a través de dispositivos de familiares adultos.
Las madres educan, los padres juegan
El proyecto Cyber-Resistance ha aplicado una mirada interseccional, es decir, ha analizado cómo influye el contexto social y económico de las familias. Las conclusiones son que la tecnología se utiliza de formas muy distintas. Mientras que las familias con una posición económica desahogada pueden aplicar un control parental estricto y ofrecer alternativas de ocio, en contextos vulnerables, el móvil se convierte en una herramienta obligatoria de conciliación para que los progenitores, que a menudo trabajan en turnos nocturnos, mantengan la conexión con sus hijos.
Independientemente del nivel económico, hay una desigualdad que se repite en casi todos los hogares: la educación digital recae sobre las madres. Son ellas las que asumen en solitario la carga mental de vigilar las pantallas, poner límites y mediar en los conflictos. Los padres, por lo general, mantienen una relación con la tecnología en el hogar basada exclusivamente en el juego, el ocio o el soporte técnico.
Respecto a las escuelas, el estudio dice que el profesorado manifiesta una profunda sensación de desamparo institucional. Denuncian que están asumiendo problemáticas estructurales (crisis de salud mental, adicciones a las pantallas o peleas virtuales que se trasladan a las aulas) que superan por completo las competencias de la educación formal. Por ello, exigen de manera urgente una corresponsabilidad comunitaria, uniendo a escuelas, familias, servicios sociales y al sistema de salud mental. Como dato relevante, el informe destaca que en Euskadi las agresiones más graves que sufre la infancia siguen ocurriendo de forma física en patios y parques, por motivos racistas, sexistas o de exclusión hacia la diversidad.
Materiales pedagógicos para familias y escuelas
Pese a lo preocupante de los datos, el equipo de investigación se muestra optimista con la infancia, en concreto con la franja de edad entre los 5 y 13 años que, a diferencia de la adolescencia, muestra una gran receptividad y alta capacidad crítica. Muchos menores confiesan que les gustaría pasar menos tiempo pegados a las pantallas y demandan jugar más de forma física con sus padres.
El proyecto Cyber-Resistance afirma que nos encontramos ante una ventana de oportunidad que hay que aprovechar. Para ello, el equipo investigador ha diseñado una serie de materiales pedagógicos y ejecutivos dirigidos a familias y escuelas para educar desde el afecto, la empatía y la gestión de las emociones. El objetivo final es dotar a la comunidad educativa de estrategias de resistencia colectiva para que internet deje de ser un amplificador del machismo y se convierta en un espacio de ciudadanía digital igualitario y seguro.
Las herramientas elaboradas por el equipo investigador consisten en fichas, preguntas, vídeos y actividades sencillas, diseñados para desmitificar estereotipos de género y prevenir las ciberviolencias machistas. Buscan empoderar a la comunidad educativa (familias y profesorado) frente al sesgo adultocéntrico y promover un uso saludable de las tecnologías.
Los talleres han tenido muy buena acogida por parte de las personas participantes. El 95,7% de los menores afirmó que le ayudaron a darse cuenta de realidades digitales y un 88,9% los valoró además como divertidos y dinámicos. En cuanto a las familias, el 100% los consideró útiles, un 88,2% manifestó que las dinámicas les hicieron dudar y pensar sobre sus propias prácticas tecnológicas y un 94,1%, al finalizar los talleres, afirmó sentirse con fuerzas y recursos para actuar y acompañar digitalmente a sus hijas e hijos. Próximamente, el proyecto Cyber-Resistance planea implementar una campaña de sensibilización en parques infantiles de 6 municipios de Bizkaia.