14 mayo 2026
Bilbao
El empoderamiento de las mujeres jóvenes no es solo una cuestión de leyes, presencia en los espacios públicos o éxito externo, sino una cuestión de empoderamiento personal y conquista de la ‘habitación propia emocional’. Uno de los principales obstáculos detectados para lograr el empoderamiento es el llamado ‘espejismo de la igualdad’, según el cual muchas jóvenes creen que ésta ya se ha alcanzado plenamente. Estas son algunas de las principales conclusiones de la tesis doctoral defendida por Mirelur González en la Universidad de Deusto, un trabajo que disecciona las barreras invisibles que persisten en una generación que ha crecido creyendo que la batalla por la igualdad ya está ganada.
La investigación, titulada ‘El empoderamiento personal de las mujeres jóvenes: de la construcción de un modelo integrador al análisis de experiencias y estrategias de cambio, lanza una advertencia clara sobre este "espejismo de la igualdad" o pensar que las desigualdades de género son cosa del pasado. Y es que, según la tesis, esta creencia actúa como un dispositivo ideológico que dificulta la identificación de violencias sutiles y comportamientos de control, especialmente en las relaciones de pareja.
El Modelo EPM-J: Una pirámide para la libertad
Para abordar este reto, la nueva doctora ha desarrollado el Modelo EPM-J (Empoderamiento Personal de las Mujeres Jóvenes), una estructura que permite entender el empoderamiento como un proceso dinámico y no como un estado fijo. Este modelo propone que, para que exista una verdadera autonomía, deben interactuar varios componentes esenciales, como son la conciencia crítica o capacidad de analizar la realidad con perspectiva de género para detectar los mandatos patriarcales; el empoderamiento emocional o cómo se manejan las emociones como la culpa o el miedo para que dejen de ser un freno y se conviertan en herramientas de resistencia; la autoestima y autocuidado vistos como una estrategia de resistencia política, en donde se hace una valoración propia frente a la exigencia social de estar siempre disponible para las demás personas y por último, la agencia personal y empoderamiento sexual, que implica la capacidad de tomar decisiones sobre el propio cuerpo y los proyectos de vida.
Lo personal sigue siendo político
Uno de los hallazgos más reseñables del estudio es la necesidad de recuperar la dimensión íntima del poder. La tesis sostiene que el "poder interior" (la fuerza y seguridad personal) es el paso previo indispensable para el "poder para" (la capacidad de actuar y transformar el entorno).
En este sentido, la investigación concluye que las intervenciones actuales a menudo fallan porque se centran únicamente en lo externo, olvidando que la socialización de género debilita la conciencia del propio poder desde la infancia. Sin un trabajo en la subjetividad, los avances estructurales son frágiles, señala el estudio, que apuesta por estrategias como el Mindfulness con perspectiva de género y el desarrollo de competencias socioemocionales para fortalecer el empoderamiento personal de las jóvenes.
Un nuevo enfoque para las políticas de igualdad
La tesis no solo aporta teoría, sino que reclama un cambio en las políticas de juventud e igualdad. Propone menos teoría y más experiencia, pasando de charlas informativas a talleres vivenciales en los que las jóvenes puedan trabajar sus emociones, autoestima y sexualidad. Mirelur González concluye que es necesario promover en las mujeres estrategias para gestionar sus relaciones cercanas y establecer límites seguros.
En un contexto donde las tasas de violencia psicológica y de control siguen siendo alarmantes entre las menores de 25 años, este trabajo se posiciona como una hoja de ruta esencial. El mensaje es nítido: el empoderamiento personal no es un acto individualista, sino la base necesaria para sostener cualquier cambio colectivo y democrático. El verdadero desafío del siglo XXI para las jóvenes no es solo ocupar el espacio público, sino descolonizar su propio mundo interior.