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23 diciembre 2020Campus Bilbao

Mensaje navideño del rector José María Guibert a la comunidad universitaria: “Tiempo de educación, narrativa, integración, agilidad, consuelo y autoconocimiento”

El rector José María Guibert ha querido aprovechar estas fechas navideñas para hacer un pequeño balance. Un breve balance que ha resumido en seis palabras. Seis palabras a modo de lectura de lo que está siendo este tiempo de pandemia y porque jamás olvidaremos el año 2020. Siempre recordaremos dónde pasé el confinamiento… dónde vivía, con quién. Las palabras que ha destacado y compartido, a modo de balance, son educación, narrativa, integración, agilidad, consolación, y autoconocimiento.

El primer término es “tiempo de educación”. En estos meses de pandemia hemos descubierto el valor de la educación. Hemos profundizado como nunca en lo que hacemos, en lo que hacen nuestros estudiantes. Nos hemos formado más que nunca, para servir mejor. Además de la misión de la investigación y la proyección social, hemos redescubierto que somos universidad, no universidad presencial. Lo importante es la educación, no la educación presencial. Adaptamos la presencialidad según los objetivos que tengamos.

Este tiempo de pandemia no sabemos cuánto va a durar. Pero una importante pregunta que tenemos para el año que viene es considerar, qué es lo que está para quedarse. De lo que hemos hecho, qué hemos de mantener. El enfoque en la educación seguirá siendo el centro. La presencialidad, más o menos.

El segundo término es “tiempo de narrativa“. El mundo se desmorona. La pandemia acelera cambios. Lo que no sirve cae más rápido de lo que caería normalmente. Las grandes preguntas de la humanidad sobre qué nos hace humanos vuelven a resurgir. Mitos, leyendas, religiones, derecho, derechos humanos, valores, etc. son grandes construcciones intelectuales que han cohesionado a las culturas y sociedades. Pero mucho queda en el aire.

En el caso de Deusto, queremos repensar nuestra misión, visión y valores. Queremos reformar la definición de nuestras competencias genéricas en nuestro modelo educativo. Lo específico de nuestra formación. Hacer esto lo teníamos ya programado en el plan estratégico actual. Queda ahora más claro que es algo necesario. Hemos de pensar en narrativas que expliquen lo que hacemos, lo que somos, lo que buscamos, y que nos siga dando sentido e ilusión y motivación.

El tercer término es “tiempo de integración”. Además de caer en la cuenta de la importancia de lo interdisciplinar o lo transversal, el siguiente paso es pensar en la integración. La pandemia la estamos pasando juntos. Juntos y juntas hemos adoptado muchas medidas. Ya tenemos mucha conciencia de lo corporativo y lo transversal. El próximo paso será el de la integración: pasar de una pura coexistencia y yuxtaposición a más integración. En “UNIC”, la universidad europea que estamos creando, el término clave que ha generado nuestro consorcio de universidades es “superdiversidad”. Pensar en superdiversidad e inclusión desde distintas ciudades europeas une nuestros esfuerzos. Integración en tiempo de superdiversidad.

El modelo Humboldtiano de universidad, la idea de universidad de Wilheim Humboldt, tiene varios principios rectores. Dos de ellos son unir investigación y docencia, y el trabajo compartido de profesores y alumnos. Otro de ellos es la unidad de la ciencia: todas las ramas del conocimiento están unidas. Es verdad que la especialización es fuente de conocimiento, pero la excesiva fragmentación no ha de ser un absoluto. La parte se puede ver en el todo, y el todo en la parte. Así que, recrear formas de integrar saberes y competencias, incluso aunque parezca que no tienen nada en común, puede ser un buen servicio.

Un cuarto rasgo necesario, que surge en este tiempo de pandemia, es “tiempo de agilidad”. Como sabemos, el mundo no es de los grandes, sino de los que se mueven rápido. Para llevar adelante nuestra misión, hemos de tener posibilidades de hacerlo. Hay rigideces justificadas y rigideces sin justificar. Hay que saber distinguirlas.

Nuestros grados universitarios, la mayoría, están creados con una mentalidad de hace quince años. En los próximos meses tendremos dos facultades nuevas. Cuanto más viejos o mayores somos, menos ágiles somos. Aprender de los jóvenes y de la multitud de brotes verdes que nos rodean es un “must”. Estamos en época de cambio. Ante esto, tiempo de agilidad es el cuarto rasgo.

El quinto es el “tiempo de consolación”. La pandemia ha provocado muchos muertos. En este año que dejamos quizá ha habido casi el doble de los fallecidos normalmente. Muchos habéis sufrido directamente pérdidas cercanas irreparables. Estamos unidos en el dolor y en la preocupación. Pero la pandemia ha provocado también mucho trabajo compartido, solidario, generoso y comprometido. He sido testigo de una comisión que ha celebrado 70 reuniones desde agosto en este cuatrimestre. Agradezco a todos los que, desde muchos frentes, habéis puesto racionalidad en esta crisis.

En la fe cristiana la experiencia de Dios es una realidad misteriosa de consolación profunda. Una alegría interna, una satisfacción no muy fácilmente descriptible, una motivación que no decae. La fe es un impulso vitalista más profundo que los miedos, riesgos, trabajos, cansancios y tensiones. San Francisco Javier, hace cinco siglos, cuenta que, en sus viajes y trabajos, cuanto más riesgo de muerte tenía, cuantas más amenazas y oposición tenía, cuanto más cansado se encontraba, estaba más alegre y motivado que nunca.

Esto es una invitación a no quemarnos, ni desesperarnos, a buscar el consuelo en lo profundamente humano, no en lo superficial. Distinguir niveles de profundidad. En un tiempo de desastre humanitario nos atrevemos a afirmar que el consuelo existe. Se palpa y se observa al apreciar el trabajo y la ilusión de muchos. Lo hemos visto en el espíritu constructivo con el que hemos funcionado, a pesar de las dificultades, tensiones y dilemas con que nos hemos encontrado.

Tras educación, narrativa, integración, agilidad y consuelo, quiero destacar, en último lugar, que nos encontramos también en “tiempo de autoconocimiento”. Los rasgos anteriores se pueden observar y captar si pensamos y recapacitamos sobre lo que hacemos.

Es muy ignaciano dedicar tiempo a examinar y conocerse. Sobre todo, en tiempo de desolación, duda y tristeza. En muchos países se habla de incidencia de la pandemia en la salud mental. Hay que atender, evidentemente, a lo que nos digan los profesionales para casos de depresión, ansiedad, insomnio o estrés agudo. Pero, antes de llegar a problemas serios, todos tenemos la tarea de cuidarnos. Leer la realidad, leerse a uno mismo, leer los acontecimientos. El principal impedimento para la felicidad es uno mismo. Cuidado con la atribución externa de todos los males. El principal impedimento para el buen trabajo es uno mismo.

Sugiero una pequeña tarea para navidad: que sea también tiempo de examen y autoconocimiento, tiempo tranquilo para recuperar las buenas vibraciones. Tiempo para crecer en madurez, libertad interior, humildad y realismo. Contemplar al que nació en un establo y murió en la cruz, y, desde la humildad y la pobreza, sigue siendo referente para cientos de millones de personas.

Tiempo de educación, tiempo de narrativa, tiempo de integración, tiempo de agilidad, tiempo de consolación, tiempo de autoconocimiento. Cada uno tiene sus tiempos personales y ha de saber cuidarlos. Y con esto, desearos de verdad unas buenas vacaciones, a vosotros con vuestras familias y seres queridos o allegados.