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08 February 2021Bilbao Campus

Expertos señalan en las Jornadas de Teología de Deusto que “la pandemia pide que reimaginemos el concepto y la praxis del cuidado de la salud”

“La pandemia pide que re-imaginemos el concepto y la praxis del cuidado de la salud”. Esta es una de las principales conclusiones de las Jornadas de Teología que sobre el tema: “Humanización de la Salud desde una perspectiva integral en un contexto de pandemia" se han celebrado en la Universidad de Deusto los días 8, 9 y 10 de febrero. El objetivo de este encuentro, que se articuló en torno a dos seminarios y tres mesas redondas, fue la reflexión y diálogo de actores de la salud cruciales en los ámbitos sociosanitarios (asociaciones de pacientes, profesionales e instituciones involucradas en el área). En esta ocasión, las Jornadas se celebraron en formato digital y tuvieron una gran acogida.

La pandemia Covid-19 está suponiendo una circunstancia calamitosa que, sin embargo, aporta perspectivas novedosas sobre cómo realizar el cuidado, en general, de la persona enferma. En este sentido, se constata la necesidad de dotar a los estudios de medicina de humanización y de ser mucho más exigentes en este aspecto del que se sospechaba. “He ahí el efecto rebote de nuestra lucha actual contra un coronavirus: nos ha puesto en la tesitura urgente de pensar más y mejor qué tipo de humanización hemos de imprimir en el ámbito sociosanitario”, se apunta en las conclusiones.

Más filósofos y más teólogos

Aun así, la pandemia lanza cuestiones de fondo que no pueden ser solventadas sólo dentro del ámbito sociosanitario. Un coronavirus y sus avatares mutantes han puesto de manifiesto niveles de dolor y sufrimiento, que suponen casi una versión inédita de la fragilidad humana. No conocíamos un planeta simultáneamente enfermo en todas sus latitudes. Tampoco estábamos acostumbrados a la dinámica de exclusión y emergencia social que siempre ha provocado una enfermedad fuertemente infecciosa. Nos encontramos viviendo al límite. Y en esos límites deambulamos desde hace un año, tropezándonos con cuestiones fundamentales. “La pandemia nos ha hecho no sólo más sanitarios, sino también más filósofos y, en cierto modo, más teólogos”, indican.

Cuando irrumpe la pandemia, nos confrontábamos con problemas colectivos de enorme calado: desde el deterioro ecológico hasta la pérdida de calidad de las democracias, por citar sólo dos ejemplos. La pandemia ha conseguido colapsar aquel estilo de vida que los generaba. Durante las Jornadas, desde los más diferentes ángulos, se han recabado visiones de futuro que iluminan cómo han de ser las cosas a partir de ahora. La perspectiva integral de la humanización de la salud, redescubierta mientras seguimos cruzando la pandemia, constituye, en realidad, un modelo alternativo de situarnos en el mundo.

Por último, las Jornadas han probado que el cuidado integral de la salud no puede orillar la dimensión espiritual del ser humano y de sus circunstancias. “Quizás hemos recuperado una idea más básica de espiritualidad, esa que la antropología judía ya consideraba esencial para dar cuenta de la apertura interna del sujeto humano hacia el todo. Pero las Jornadas han evidenciado que la espiritualidad cristiana es pertinente con su propio instrumental para afrontar la fragilidad. Ese instrumental es una sabiduría acrisolada en el tiempo desde el compromiso con la dificultad humana y desde la convicción de que el Dios cristiano mira especialmente por esa dificultad”, han puntualizado. Y como conclusión: “las Jornadas se han debido a una pandemia que nos castiga y nos pone a la intemperie. Estarían más que satisfechas sus expectativas si han capacitado para encontrarnos como Universidad con quienes ahora están afectados por la enfermedad. Significaría que, después de todo, nos seguimos humanizando”.

 

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